Elevándose por encima de la violencia doméstica

Redacción: Anna Croyts, Kalaya McAuley

Era una noche tranquila cuando repentinamente un ruido fuerte fue oído por las calles. Los vecinos, preocupados por los gritos, decidieron llamar a la policía. Los policías llegan a una casa pequeña en Richmond, Virginia, y caminan a una escena de la violencia doméstica.  Se encuentran con una mujer llamada Esperanza* que contesta sus preguntas completa y fácilmente. “Que pasó esta noche?” los policías preguntan. “Mi esposo se enojó porque yo no quería dejar a mi mama sola. Me arrojó los platos y me golpeó. Traté de correr, pero me empujo entre la pared y la puerta y empezó a golpearme con la puerta, aplastándome contra la pared.”

 

La violencia doméstica es un problema extenso. En los Estados Unidos, casi veinte personas por minuto son abusadas de manera física por una pareja íntima lo que es más de 10 millones personas por año. La estadística sola es suficiente para llamar la atención, pero lo importante es recordar que cada una de estas diez millones de personas tienen su propia historia, y como resultado, su propio trauma. ¿Cuántos individuos están experimentado la violencia doméstica pero no pueden hablar de eso? 

 

El esposo de Esperanza fue detenido y permaneció en la cárcel por dos meses. Desafortunadamente, cuando fue liberado, la situación de Esperanza solo empeoró. El culpó a Esperanza por su encarcelamiento y su situación financiera, criticaba su apariencia y la golpeaba regularmente, aun durante su embarazo. Finalmente, su abusador la dejó después del nacimiento de su tercer hijo, pero no sin llevarse todos sus ahorros, dejando Esperanza sin la posibilidad de proveer a sus hijos. 

 

Poco después, su esposo regresó y rogó a Esperanza que lo aceptara de vuelta, a lo que ella se negó. Un día, vino a la casa de Esperanza y empezó a golpearla, le dijo que tenía un arma, y amenazó con matarla. Por suerte, Esperanza logró huir y llamó a la policía, lo que resultó en una sentencia en prisión más larga para su abusador, y una orden de protección en su contra. 

 

Tratar con tales eventos traumáticos resulta difícil sin importar quién eres, pero para un inmigrante sin estatus legal, las dificultades se agudizan. Las mujeres inmigrantes específicamente tienen un riesgo más alto de sufrir violencia doméstica. A diferencia de los ciudadanos o residentes permanentes de los Estados Unidos, las víctimas sin un estatus legal se encuentran en una posición más difícil para escapar del abusador, debido a problemas como las barreras del idioma, el estatus de residencia, o el acceso a los recursos. Las leyes de inmigración en los Estados Unidos causan que los individuos sientan que están atrapados en la relación abusiva. Las mujeres inmigrantes que son casadas tienen una tasa más alta de abuso que las solteras, con 59.5% y 49.8% respectivamente. Además, la cultura de la violencia doméstica es más prevalente en otros países, lo que puede hacer que los individuos sienten que las leyes en contra de la violencia doméstica en los Estados Unidos son inaplicables a su situación. 

 

En 2013, Esperanza empezó su aplicación por un estatus de no inmigrante en los Estados Unidos. En su aplicación, ella aseguró que se sentía más segura y protegida contra su situación de la violencia doméstica al estar en los Estados Unidos a diferencia de si regresará a México. La deportación aumentaría la probabilidad que su esposo la encontrase, y las leyes y seguridad actuales en México no harían lo suficiente para protegerla o sus hijos.  

 

Mil Mujeres Servicios Legales proveen ayuda y apoyo a mujeres como Esperanza. Estando junto a ella desde el comienzo de su aplicación de Visa U, hasta su aprobación para el periodo 2015-2019, Mil Mujeres jugó un papel esencial en su estatus migratorio ¡Y demostrando que la esperanza nunca se acaba, la semana pasada Esperanza recibió su tarjeta de residente legal permanente!