EL COVID-19 Y LOS DELITOS DE VIOLENCIA DE GÉNERO



El femicidio en particular y los delitos de violencia de género en general han estado en la palestra por varios años. El incremento sostenido y escandaloso de las estadísticas de muertes de mujeres a lo largo del mundo ha sido un tema que las activistas han intentado mantener en la primera línea de la noticia. No hay otra manera de crear conciencia que mantener estos hechos como noticia permanente.


El mundo en general no ha logrado proteger la integridad de millones de mujeres. La llegada del COVID 19 lo ha empeorado, no sólo agravando las circunstancias, sino también robándose el protagonismo de la noticia dejando a la “pandemia” de violencia de género escondida en las sombras. Las Naciones Unidas han denominado a la violencia de género “La pandemia en las sombras” (Shadow Pandemic) como una manera de relevar y visibilizar un drama que ha sido permanente por generaciones, pero que ahora, producto de la emergencia sanitaria mundial, ha tomado ribetes escalofriantes.


Antes de la pandemia, según ONU Mujeres el 34% de las mujeres en todo el mundo ya habían

sufrido alguna forma de violencia por parte de su pareja. Luego de marzo de 2020, con el brote del virus, las cifras en todo el mundo se dispararon de manera alarmante. La relación entre la crisis sanitaria y el aumento de las tasas de violencia contra la mujer es obvia: La obligación de hacer cuarentena ha forzado a mujeres que ya sufrían de violencia doméstica a permanecer encerradas con sus agresores. El aislamiento ha contribuido a que muchas mujeres corten sus vínculos con familiares o amigos que podrían servir de ayuda para romper el círculo de la violencia, y el aumento del stress producto de la sensación de vulnerabilidad ha aumentado las tasas de alcoholismo y drogadicción, que son conocidos gatillantes de la violencia. Por último, las crecientes tasas de desempleo y en general el precario equilibrio económico han golpeado

mayoritariamente a las mujeres, obligándolas a depender económicamente de su agresor, favoreciendo que el vínculo de violencia se perpetúe en el tiempo.